
Es hora de que los kioscos de Puntarenas miren al mar
Hay que conservar su historia y su actividad comercial, pero también atrevernos a construir una infraestructura moderna que aproveche su ubicación privilegiada y genere nuevas oportunidades para la ciudad.
Por Fabián Méndez | Artículo de opinión
Los kioscos de Puntarenas forman parte del paisaje y de la memoria de generaciones de costarricenses. Son mucho más que un conjunto de restaurantes. Representan recuerdos de vacaciones familiares, paseos en tren, almuerzos frente a la playa y aquellos primeros encuentros con el sabor de un Churchill.
Su historia está profundamente vinculada con la tradición gastronómica porteña. Fue en los antiguos puestos del Paseo de los Turistas donde, durante la década de 1940, comenzó a popularizarse el Churchill, mucho antes de que existieran las edificaciones actuales.
De acuerdo con una investigación de la Procuraduría General de la República, los seis kioscos originales de este bloque fueron construidos entre 1967 y 1974. Su ubicación, junto al antiguo Muelle Nacional de Puntarenas, hoy muelle de cruceros, los convirtió en una referencia para miles de visitantes.
Durante décadas, este sector fue uno de los puntos de partida para descubrir la ciudad. Su presencia quedó grabada en la retina de quienes conocieron el Puntarenas de otras épocas.
Sin embargo, conservar la memoria no significa que debamos conservar indefinidamente las mismas estructuras.
Un error que debemos corregir
Siempre he creído que un bloque comercial como los kioscos no puede darle la espalda a uno de los activos más valiosos del lugar donde se encuentra: el mar.
Tenemos una ubicación privilegiada, frente al golfo de Nicoya, junto al muelle de cruceros y en uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad. Aun así, la configuración actual de los edificios desaprovecha buena parte de ese potencial.
¿Por qué no imaginar unos kioscos completamente nuevos, con una arquitectura tropical contemporánea, abiertos hacia el mar y mejor integrados con el entorno?
Mi propuesta consiste en construir un complejo comercial de dos niveles. En la segunda planta estarían los restaurantes, con terrazas, espacios ventilados y miradores hacia el golfo, que potencien y den valor agregado a su oferta gastronómica.

Imagino a las familias disfrutando de un mate, un buen sándwich de mano de piedra, un ceviche o un Churchill mientras contemplan el atardecer. Una experiencia que, por sí misma, se convierta en un motivo para visitar Puntarenas.

En el primer nivel podrían instalarse puestos de artesanías, servicios turísticos (ventas de tours) y espacios para las autoridades portuarias, migratorias y aduaneras, según las necesidades y condiciones técnicas del proyecto.
Todo esto sin sacrificar el acceso público a la playa, la vegetación ni los espacios que también forman parte de nuestra identidad. Al contrario, hay que potenciar las letras y la Concha Acústica, que lamentablemente se ha deteriorado mucho.
Una oportunidad para conectar el muelle con la ciudad
La cercanía con el muelle de cruceros ofrece una oportunidad que todavía no aprovechamos suficientemente. Crear una conexión peatonal directa y ordenada permitiría que los turistas que desembarcan encuentren una oferta comercial atractiva antes de salir a recorrer la ciudad o abordar los autobuses que los trasladan a otros destinos de Costa Rica.
Además de comprar artesanías y disfrutar de nuestra gastronomía, podrían acceder a información turística y contratar recorridos por la ciudad. Aquí existe otra oportunidad pendiente y es el desarrollar una oferta organizada de tours cortos que permita aprovechar mejor la llegada de visitantes.
Recorridos históricos por Puntarenas, paseos por los manglares, excursiones a las islas del golfo de Nicoya y experiencias gastronómicas podrían integrarse a una oferta comercial permanente.
No se trata únicamente de vender más productos. Se trata de generar empleos, encadenamientos productivos y oportunidades para guías turísticos, transportistas, artesanos, emprendedores y pequeños comercios.
Incluso, una infraestructura de estas características podría contribuir a consolidar las operaciones de Puntarenas como puerto base de cruceros, siempre que se acompañe de las inversiones y condiciones operativas necesarias.
¿Y de dónde saldría el dinero?
Por supuesto, una propuesta arquitectónica de esta magnitud no puede quedarse en una imagen bonita.
Hay que hablar de financiamiento, porque sin un modelo económico viable, cualquier propuesta terminará siendo solamente una buena intención.
Considero necesario construir una alianza entre las instituciones públicas involucradas y los actuales concesionarios de los kioscos, que permita estudiar diferentes mecanismos para financiar y desarrollar la nueva infraestructura.
No se trata de desplazar a quienes durante décadas han mantenido viva la actividad comercial de este lugar. Por el contrario, la modernización debe construirse con ellos; este es un proyecto de interés regional.
Podrían valorarse alternativas de financiamiento compartido, acceso a crédito, inversión institucional y otros mecanismos de colaboración, siempre dentro del marco legal correspondiente. También, dicho sea de paso, es necesario establecer cánones razonables, condiciones claras de operación y un modelo de administración que garantice el mantenimiento de las instalaciones y su sostenibilidad financiera.
Otro aspecto fundamental sería estudiar la posibilidad de ejecutar el proyecto por etapas. Esto permitiría reducir las afectaciones a los negocios durante las obras y procurar la continuidad de sus actividades comerciales.
La nueva infraestructura debería proyectarse como una inversión capaz de generar empleos, fortalecer los negocios existentes y atraer nuevas actividades económicas, particularmente en los sectores turístico, gastronómico y artesanal.
El objetivo no es cambiar a los comerciantes. Es cambiar las condiciones en las que trabajan, para que puedan crecer junto con la ciudad.
Hay que pensar en el Puntarenas de las próximas décadas
La discusión sobre los kioscos no debería reducirse a escoger entre mantenerlos como están o cerrarlos definitivamente. Debemos preguntarnos qué ciudad queremos construir, cómo aprovechamos nuestros activos y qué infraestructura necesitamos para recuperar el dinamismo económico.
Puntarenas necesita planificación, inversión y una visión de desarrollo que vaya más allá de las soluciones temporales. Los kioscos pueden conservar su nombre, sus sabores, sus tradiciones y su lugar en la memoria colectiva. Lo que debemos transformar es su infraestructura y la manera en que se relacionan con la ciudad y con el mar.
Y esta discusión tampoco termina aquí. El Mercado Municipal de Puntarenas también hay que hacerlo nuevo. Pero de eso hablaremos en un próximo artículo.
Por ahora, quiero cerrar con una idea que probablemente genere polémica, pero que considero necesaria.
Los kioscos de Puntarenas no deben desaparecer. Deben evolucionar, dejar de darle la espalda al mar y convertirse nuevamente en un punto de encuentro para los costarricenses.
Hay que hacerlos nuevos.









