
Chinaoke: Cuando la crítica social se graba en el lugar equivocado
El Chinaoke de fin de año utilizó símbolos de Puntarenas para representar problemáticas nacionales y regionales que no ocurren en la ciudad, en un momento clave para el turismo y el empleo local
Cuando la crítica social se graba en el lugar equivocado
Puntarenas volvió a convertirse en escenario de una crítica nacional que no le pertenece por completo. El Chinaoke transmitido el pasado 16 de diciembre durante el programa de fin de año El Chinamo, de Teletica, recurrió a espacios emblemáticos de la ciudad para representar problemáticas reales del país, pero que no corresponden ni geográfica ni estadísticamente a la realidad del distrito primero de Puntarenas.
No se trata de negar la existencia de problemas. Puntarenas enfrenta desafíos sociales y económicos reales. Algunos están relacionados con la gestión municipal local. Muchos otros responden a décadas de abandono histórico hacia las zonas costeras, con escasa inversión pública y pocas políticas sostenidas de desarrollo regional.
Reconocer eso es necesario. Invisibilizarlo sería irresponsable.
La reflexión surge cuando el relato termina desplazando conflictos nacionales y regionales hacia un territorio específico, en un contexto donde la ciudad depende en gran medida del turismo nacional y de paso.
El lugar también comunica
En lenguaje audiovisual hay una regla básica, el lugar donde se graba es parte del mensaje. El espacio no es un fondo neutro. Comunica, sugiere y orienta la interpretación del espectador.
En este Chinaoke hay una decisión narrativa clara, y es el utilizar Puntarenas como escenografía del malestar nacional, aunque muchas de las situaciones citadas no ocurran en la ciudad ni formen parte de su cotidianidad turística.
Qué distinto sería si estos mismos espacios se emplearan para visibilizar la resiliencia, la historia y las oportunidades de una población históricamente golpeada, en lugar de reforzar narrativas que la asocian únicamente con deterioro.
El faro y los símbolos que pesan
El faro de Puntarenas es un ícono turístico, un punto familiar y un espacio de encuentro. Por eso, las imágenes que se construyen a su alrededor tienen un peso simbólico particular.
Además de frases como “no salgan en la noche, que asaltan en la playa”, el Chinaoke incluye una escena en la que aparece una persona con la camisa manchada de sangre bailando frente al faro, mientras una mujer caracterizada como turista reacciona con gestos de rechazo y alarma, para luego señalar el lugar.
Desde el lenguaje audiovisual, esta imagen no es neutra. El recurso de la sangre remite a violencia extrema y, al situarse frente a uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad, podría reforzar la idea de que ese espacio es peligroso, aun cuando no existan registros que respalden esa asociación.
En un programa de alta audiencia, el espectador promedio no siempre distingue entre metáfora y realidad.
Precios altos y decisiones técnicas
Otro elemento relevante es la forma en que se representan problemáticas asociadas principalmente a otras regiones del país. Un ejemplo es la escena en la que una turista se sorprende por el precio de “₡30 mil por dos casados”, situación documentada en zonas específicas de Guanacaste.

Para construir esa escena no se utilizó ningún espacio real de Guanacaste. La toma fue realizada mediante chroma key, recreando un ambiente genérico de playa, sin referencias geográficas identificables (Se desconoce si fue por presupuesto o por estrategia).
Desde una lectura técnica y narrativa, esta decisión resulta significativa. Mientras los conflictos asociados a altos precios se presentan sin un anclaje territorial y visual concreto, otras problemáticas como la violencia, la inseguridad y el deterioro sí se vinculan visualmente a espacios reales y reconocibles de Puntarenas.
Esta diferencia en el tratamiento visual podría contribuir a una percepción desequilibrada, donde Puntarenas aparece como escenario concreto del caos, mientras otras regiones quedan fuera del encuadre.
Crítica, arte y posibles efectos
Desde Yo Amo Puntarenas creemos en la crítica social. Creemos en cuestionar lo que no está bien. Creemos en el arte, en la creatividad y en la sátira como herramientas legítimas de expresión.
Lo que nos preocupa no es la crítica, sino la estigmatización. La reiteración de una imagen que termina presentando a Puntarenas como el centro del caos nacional, aun cuando no sea intencional.
Ese tipo de representación podría tener efectos reales. En una ciudad que depende del turismo, una percepción negativa podría afectar a quienes trabajan en hoteles, sodas, restaurantes, transporte, comercio y a todos los encadenamientos asociados.
Un llamado a la responsabilidad
Esta reflexión no busca acusar ni censurar. Busca responsabilidad.
La crítica es necesaria. El arte también. Pero cuando los mensajes se emiten desde plataformas de alta audiencia, el contexto importa, porque las consecuencias suelen recaer sobre las comunidades que viven en el territorio representado.
Cuidar cómo se cuenta Puntarenas no es evitar la crítica.
Es evitar que la crítica termine profundizando desigualdades que ya existen.
