Puntarenas

Entre cañales y orgullo: El testimonio de doña Alba Miriam en la Zona Sur

Las mujeres son valientes, organizadas y ariscada (mujer que tiene carácter fuerte y no se queda callada. Una mujer arriscada es alguien determinada, que enfrenta los problemas con la frente en alto y que tiene ese «picante» o energía necesaria para mandar y organizar) y doña Alba Miriam, vecina de San Pedro de Pérez Zeledón, cumple con las características anteriormente mencionadas

 

Desde niña ha estado rodeada de cañales, carretas, trapiches y siempre acompañando a su familia en un trabajo que dejaría huella en su vida.

 

Con la llegada del ingenio se convirtió el trabajo familiar y su padre empezó a entregar caña de formar. A doña Alba  le correspondió asumir su propio terreno, todavía joven, le tocó aprender, decidir y responder por la producción. No fue fácil al principio: desde errores administrativos, el desconocimiento de reglamento e inclusive lucha contra el machismo puso a prueba el carácter de una mujer pencona.

 

Durante su proceso estuvo acompañada por LAICA en aspectos como la asesoría agrónoma hasta los programas de apoyo que fortalecen la producción y la sostenibilidad del cultivo.

Una mujer que abrió camino en el cañal

 

A lo largo de su trayectoria, doña Alba tuvo que enfrentar actitudes machistas y resistencias por el hecho de ser mujer. Sin embargo, con conocimiento y firmeza, fue ganándose el respeto de quienes trabajaban con ella. “Esta tierra es mía”, recuerda haber dicho en uno de esos momentos decisivos, dejando claro que su autoridad venía del trabajo y la responsabilidad.

 

“La caña es parte de mi historia y del legado que nos dejó mi papá. No ha sido un trabajo fácil, pero sí muy bonito, porque una se siente útil y realizada”, cuenta doña Alba. Desde joven entendió que producir caña no era solo sembrar y cortar, sino informarse, asistir a reuniones y estar presente en cada etapa del proceso. “Cuando uno está encima del trabajo, las cosas se hacen bien; el ojo del amo siempre tiene que estar”, añade, una frase que resume su manera de vivir el campo.

 

 

 

Hoy cuida personalmente sus tres hectáreas de caña. Supervisa la corta, revisa el suelo y se asegura de que cada etapa se haga correctamente. Para ella, estar presente es fundamental: cuando el productor se involucra, el trabajo mejora y la tierra responde. La caña, dice, no es solo un ingreso, sino parte de su historia, del legado de su padre y de la identidad productiva de Pérez Zeledón.

 

En este Día Internacional de la Mujer, su historia refleja la de muchas mujeres rurales que han encontrado en el sector agrícola una forma de realización personal, independencia y aporte al desarrollo local.

 

El respaldo del sector y el acompañamiento de LAICA

 

Además del trabajo diario en el campo, doña Alba ha participado activamente en reuniones, capacitaciones y espacios de información, convencida de que el conocimiento fortalece al productor. Entre los apoyos que destaca están la asesoría técnica, el control biológico de plagas mediante avispas, la capacitación en buenas prácticas y la articulación de programas que alivian los costos de producción, la entrega de insumos gestionada a nivel sectorial y prácticas de desarrollo sostenible en la agricultura.


“Doña Alba representa a muchas mujeres que han hecho de la caña no solo un cultivo, sino un proyecto de vida. Su compromiso, su liderazgo y su deseo de aprender reflejan el aporte fundamental de las mujeres al sector cañero costarricense”, señaló Zaida Solano, Gerente de Sostenibilidad de LAICA.

 

Historias como la de doña Alba reflejan el rostro humano del sector cañero costarricense: mujeres que crecieron en el campo, que asumieron responsabilidades desde jóvenes y que hoy sostienen la producción con conocimiento, compromiso y trabajo diario.

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