
Protéjase del sol puntarenense: Colegio de Químicos advierte sobre el uso correcto del bloqueador
Puntarenas es un lugar maravilloso donde el mar y la arena convergen para el disfrute de los visitantes. Sin embargo, debido a la fuerte exposición solar en la zona, el riesgo de padecer cáncer de piel puede incrementarse si no se utiliza el bloqueador adecuado para protegerse.
El Colegio de Químicos de Costa Rica brinda las siguientes recomendaciones para la elección del bloqueador solar adecuado. Existen protectores solares químicos y minerales, y ambos son efectivos cuando se emplean de forma adecuada. La diferencia entre ellos no está en cuál protege más, sino en la composición, la textura y la tolerancia en la piel, factores que influyen directamente en que la persona lo use correctamente.
“Los protectores solares químicos están formulados con moléculas orgánicas que absorben la radiación ultravioleta y la transforman en energía de menor intensidad. Suelen ser más ligeros y fáciles de extender, lo que facilita aplicar la cantidad adecuada. Los protectores minerales, por su parte, contienen compuestos inorgánicos como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, capaces de reflejar, dispersar y también absorber parte de la radiación UV. Aunque pueden ser más densos o dejar residuo blanco, suelen ser mejor tolerados por pieles sensibles”, expresó la vocera del Colegio de Químicos, Clara Palomo.
La recomendación técnica es clara: el mejor bloqueador es aquel que la persona puede aplicar de forma generosa y uniforme, sin incomodidad y con la frecuencia necesaria. La elección debe basarse en el tipo de piel, la actividad que se realizará y el tiempo de exposición al sol.
Sin embargo, independientemente del tipo de bloqueador que se elija, el error más común no está en la marca ni en la formulación, sino en la forma en que se aplica. La mayoría de las personas utiliza menos cantidad de la necesaria y lo hace de manera dispareja, dejando zonas de la piel sin cubrir por donde la radiación ultravioleta (UV) penetra directamente.
En la práctica, esto provoca que un protector con SPF 30 —que en condiciones ideales puede bloquear hasta un 97 % de los rayos UVB— funcione como un SPF mucho menor. El SPF no mide la intensidad del sol, sino el tiempo de protección frente a los rayos UV responsables de las quemaduras solares.
El error más común al usar bloqueador
Para que el bloqueador solar sea efectivo, debe formar una capa continua y uniforme sobre la piel. No obstante, el sudor, el agua, la arena, el roce de la ropa y el movimiento corporal van desplazando esa capa protectora, por lo que la reaplicación es indispensable para mantener la protección.
A esto se suma otro error frecuente: exponer el producto a altas temperaturas. Dejar el bloqueador dentro del carro o directamente bajo el sol puede afectar su estabilidad química y reducir su eficacia. La recomendación es almacenarlo en un lugar fresco, ventilado y lejos de fuentes de calor y luz directa.
Los estudios de laboratorio confirman que cuando se aplica menos cantidad de la recomendada o se distribuye mal el producto, la protección real disminuye de forma drástica. Además, el sudor, el agua y el roce alteran la capa protectora, lo que refuerza la necesidad de reaplicar cada dos horas o después de nadar o sudar.
En el caso de niños, niñas y personas con piel sensible, el Colegio de Químicos recomienda utilizar protectores con SPF 30 o superior, de amplio espectro (UVA y UVB) y, preferiblemente, resistentes al agua. En estos casos, se suele optar por filtros minerales, fórmulas sin fragancia y texturas que faciliten su reaplicación.
Desde el criterio técnico del Colegio de Químicos de Costa Rica, la protección solar debe entenderse como una estrategia integral. El uso de bloqueador debe complementarse con sombra, sombreros de ala ancha, gafas de sol, ropa que cubra la piel y la reducción de la exposición durante las horas de mayor radiación. Ninguna medida, por sí sola, es suficiente.
¿Qué es UVA, UVB y UVC?
La radiación ultravioleta (UV) es una forma de energía proveniente del sol que se clasifica según su longitud de onda en UVA, UVB y UVC. La radiación UVA (320–400 nm) penetra más profundamente en la piel y está asociada principalmente con el envejecimiento prematuro y el daño acumulativo. La UVB (280–320 nm) afecta las capas más superficiales y es la principal responsable de las quemaduras solares y del enrojecimiento de la piel. Por su parte, la UVC (100–280 nm) es la más energética y potencialmente más dañina, pero es absorbida casi en su totalidad por la capa de ozono, por lo que no llega de forma natural a la superficie terrestre.
